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La importancia del lenguaje en el desarrollo del niño, Cómo identificar problemas de lenguaje en tu hijo

Como padres experimentamos muchas emociones e ilusiones, nos proyectamos y nos reflejamos en nuestros hijos; nos preocupamos por su felicidad y por su futuro, y hacemos hasta lo imposible por prevenir cualquier situación que ponga en riesgo su desarrollo.

 

 

 

Sin embargo, muchas veces el prevenir no es suficiente, lo que nos lleva a sentirnos impotentes cuando observamos que nuestros hijos presentan alguna dificultad, o tal vez en ocasiones no la vemos o “no la queremos ver”, como sucede en el caso del lenguaje.

 

Ocurre con frecuencia, en esta área del desarrollo de nuestros hijos que, o nos preocupa demasiado o tendemos a pasarla por alto, especialmente cuando somos mamás primerizas o cuando se trata de “nuestro chiquito” y permitimos inconscientemente que siga hablando como bebé, aunque ya no lo sea.

 

De esta manera se pospone una atención o un diagnóstico, justificando las dificultades del lenguaje del niño, ya sea porque no sabemos a ciencia cierta que las tiene, o por ideas tales como “lo va a superar”, “así hablaba su papá”, “es que está chiqueado”, etc. Y dejamos de ver la importancia que el lenguaje tiene en esta etapa de su desarrollo, además de desconocer cuáles podrían ser las consecuencias directas o indirectas si no es atendido oportunamente.

 

Pero, ¿cómo saber si está dentro de su etapa, cómo reconocer las dificultades, cómo saber si requiere de una atención profesional?

 

El valor del lenguaje en el desarrollo del niño puede entenderse mejor si identificamos cuáles son sus funciones y qué sucede cuando no se cumplen adecuadamente.

 

Función expresiva o emotiva: Es la que permite al niño expresar sus emociones y pensamientos. De tal manera que cuando un niño no logra expresar sus sentimientos por medio del lenguaje, lo hará a través de la acción y pueden entonces aparecer problemas de conducta o de adaptación social (rabietas, berrinches, agresividad, etc.).
Función referencial: Se refiere a la información que se obtiene a través del lenguaje verbal. Por lo que si el niño no posee la capacidad verbal acorde a su edad, se verá limitada la información que recibe o transmite.
Función lúdica: Los niños tienen necesidad de juego, de crear y de imaginar. Un menor con dificultades de lenguaje se limita en su posibilidad de jugar, de expresarse lúdicamente y finalmente, de socializar con iguales.
Regulador de la acción: Alrededor de los 7 años se logra independizar el lenguaje interior del exterior, lo que permite al niño planear sus acciones y solucionar problemas. Estas habilidades estarán disminuidas en niños con problemas de lenguaje, resultándoles más difícil enfrentarse a situaciones de la vida cotidiana.
Función simbólica: El niño logra una representación de la realidad por medio de la palabra, lo que facilita el pensamiento abstracto, este se limita en niños con problemas de lenguaje.
Función social: A través de ésta podemos establecer vínculos y conexiones sociales, en diferentes ambientes y contextos. Los niños con problemas de comunicación pueden sufrir rechazo, discriminación, aislamiento y tornarse inseguros ante otros.
Función estructural: Permite acomodar información nueva, desarrollándose así estructuras de pensamiento que se van acumulado y ampliándose cada vez. Los niños con lagunas semánticas no poseen buena aceptación de conceptos nuevos.

Los puntos anteriores señalan claramente la importancia del lenguaje en el desarrollo de nuestros hijos, sin embargo, muchas veces se nos dificulta reconocer o saber qué hacer, cuándo o a dónde acudir para apoyar a nuestros hijos. La siguiente guía ayudará a los padres a esclarecer algunas dudas en relación a lo que es “normal” y lo que ya se considera desfasado, permitiéndoles tomar decisiones oportunas en cuanto al tratamiento temprano en el área de lenguaje.

Los niños mayores de 3 años deben:

Expresarse verbalmente.
Usar frases de 3 ó más palabras.
Comunicar ideas e informaciones y sucesos.
Realizar narraciones.
Hablar en primera persona, “yo”.
Manejar un vocabulario amplio.
Comprender perfectamente la mayoría de las frases que se le dicen.
Reconocer características de color, forma, tamaño, etc.
Comprender órdenes dobles.
Seguir instrucciones.
Articular claramente todos los fonemas, a excepción de los formas /r/ y /rr/ (para estos dos fonemas se considera la edad límite los 6 años).
Lograr contacto ocular.
Realizar la toma de turnos al hablar de manera eficiente.
Ser capaz de iniciar, seguir, mantener y cambiar el tema de conversación.

 

Si tu hijo mayor de 3 años no logra 2 ó más de estas habilidades es recomendable realizarle una evaluación de lenguaje.

Pero independientemente de que nuestros hijos requieran o no de apoyo profesional en el área de lenguaje, como padres tenemos infinidad de posibilidades para estimular, reforzar y ayudarlos a consolidar su lenguaje. A continuación se presentan algunas recomendaciones que en cada una de las etapas del desarrollo del niño se pueden aplicar, adecuándolas según la capacidad y habilidades del menor:

¬ Leerle diariamente cuentos sencillos, acorde a su edad; hacerle preguntas creativas y divertidas sobre lo que leyeron, pedirle que él o ella te lea o te cuente un cuento.
¬ Desarrollar un ambiente familiar donde haya una comunicación fluida, de aceptación, de estímulo y de afecto.
¬ Canten canciones, realicen rimas, trabalenguas y adivinanzas.
¬ Planeen excursiones en las que tenga oportunidad de expresar a dónde quiere ir y por qué eligió ese lugar; después hablar sobre lo que vieron e hicieron y compártanlo con otros.
¬ Su lenguaje se enriquecerá a través de enseñarle nuevos nombres de objetos que se utilizan a diario.
¬ Eviten tiempos prolongados de televisión, vídeo juegos o uso de computadora.

¬ No adivinarle o interpretar lo que quiere. Darle oportunidad a que se exprese.

 

*La autora es licenciada en psicología clínica Antonieta Beltrán Beguerisse y coordina el área de psicología

(incluyendo el departamento de lenguaje) del Centro de Integración Familiar miFAMilia.

 

Ocurre con frecuencia, en el área del lenguaje que, o nos preocupa demasiado o tendemos a pasarla por alto, especialmente cuando somos mamás primerizas o cuando se trata de “nuestro chiquito” y permitimos inconscientemente que siga hablando como bebé, aunque ya no lo sea.


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